Por: Joel Márquez
Cada vez que ocurre un acto reprobable, los medios de comunicación hablamos de este tema, nos enojamos, nos indignamos, hacemos cuanto está en nuestras manos debates, reportajes, análisis y entrevistas en contra de la violencia en los estadios, no está mal, pero estamos erradicando estas hechos.

"Si te vienen a contar cositas malas de mi" los líderes de las barras o hinchas (se le copia hasta en los nombres a los Argentinos) asisten a las reuniones de cada inicio de temporada eso sí, con carillas de “yo no fui”. Siempre arrepentidos, suplicando, pidiendo perdón para recibir otra oportunidad... la que siempre les dan. Directivos de los clubes se avientan la pelotita a la policía y viceversa; un círculo vicioso y al final no pasara nada.
Desde que México copió el modelo de las barras bravas, allá por 1995, una bola de nieve, que rodó y rodó hasta que creció y nadie ha podido detener. Alimentada de los odios de una sociedad enardecida, donde ya no hay brecha social, sino abismo. Entonces, hay que tomar medidas. A la fuerza. Sin negociación de nada. Vía decreto ejecutivo o ley de la República. Llore quien llore.